He colaborado recientemente con el medio CuídatePlus para abordar un tema que va mucho más allá del simple hecho de estar solo: la dificultad que muchas personas sienten para disfrutar de la soledad. En la intervención hablamos de cómo la soledad puede convertirse en una experiencia incómoda o incluso angustiosa cuando se percibe como ausencia o castigo, en lugar de reconocer lo que puede ofrecer: un espacio de encuentro personal, reflexión y calma.

Exploramos juntos las señales que pueden indicar que la soledad está generando malestar — como la evitación del silencio, la necesidad constante de compañía o la incapacidad para estar con uno mismo sin estímulos — y reflexionamos sobre las causas: miedo al autoconocimiento, presión social para estar siempre conectado o falta de rituales internos que permitan vincularse con el presente. Desde mi práctica como psicóloga, compartí también pautas para acompañar este camino: reconocer la soledad sin juzgarla, cultivar una actitud curiosa hacia ella y comenzar a transformar esos momentos en oportunidades de crecimiento y autoconfianza.