En esta colaboración he querido compartir algo que observo a diario en terapia: muchas personas siguen midiendo su valor como lo hacían cuando eran niñas, creyendo que solo merecen cariño si hacen todo bien. Mi enfoque invita a revisar ese diálogo interno y a construir una autoestima más estable a través de la autocompasión, el humor amable y la capacidad de tratarnos con respeto incluso cuando fallamos. La autoestima no es fija ni depende del éxito: puede transformarse cuando aprendemos a hablarnos como hablaríamos a alguien a quien queremos.